Si en la meditación de la semana pasada hablábamos de que lo peor de todo era el amor (si no la leíste ya estás tardando en hacerlo), en esta de hoy vamos a hablar de eso que arruina tu vida todo el tiempo: tu idea de la perfección.

Sí, ya sabemos que el universo está mal hecho y que tú lo harías mucho mejor. Pero, ¿qué le vamos a hacer? Dios llegó primero y cuando tú llegaste ya estaba todo montado con sus nubes, sus valles y montañas, así como con las estrellas, los planetas y las enanas blancas.

Por supuesto tú lo habrías hecho mejor, eso por descontado, para empezar te habrías hecho a ti mismo perfecto o perfecta, tendrías una vida perfecta, una pareja exactamente según los estándares de felicidad (perdona que me ría), tus hombros, tus pechos o tus caderas serían perfectas y, en fin, tendrías un yate perfecto y estarías todo el día tomando un martini perfecto en una playa perfecta.

Pero ya habrás visto que hay mucha gente que aparentemente tiene una vida perfecta y que sin embargo dicen que su vida no tiene sentido. “Ven, pero no sienten la hermosura de las cosas.” 

Quizás te haya pasado a ti en algún momento: que parecías tenerlo todo a tus pies y sin embargo sentías de una manera extraña y profunda que no tenías nada, te sentías vacío o vacía, hueco o hueca.

Como dice el poema de T. S. Eliot: “somos los hombres huecos…”

Y claro, ese estado es normal, porque es como estar buscando comida entre las piedras, pues nada externo te puede dar la felicidad si no estás en paz contigo mismo o contigo misma. ¿De qué te sirve un helado si te lo comes a bocados y odiando el mundo?

Si cultivas tu calma interior, no solo serás capaz de disfrutar de cada vez que lames el helado, sino que sentirás que te vas armonizando con lo que es la vida, con sus ritmos, con sus idas y venidas, con sus aprendizajes constantes y su esencia misteriosa y asombrosa, más allá de tus pequeños pensamientos sobre cómo debería de ser la vida para que se amoldara a tus perfectos planes.

Vivir con sencillez, sin estar forzando ni proyectando las cosas, disfrutando cada segundo de las enseñanzas del instante, con un espíritu sereno y abierto, es la clave para disfrutar de la maravillosa perfección de tu vida.

Si empiezas a dar gracias por todo lo que te sucede, incluso lo que te parece malo, acabarás dando gracias todo el tiempo por todo. 

Y entonces ya no te faltará nada.

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Escrito por

Su pasión es compartir con los demás los beneficios de la meditación y la relajación. Su lema es: lo que es bueno lo es para todos, y lo que es malo no debería serlo para nadie. Sus libros «50 maneras de salvar tu vida» y «Felicidad, Manual de instrucciones» son de referencia en el mundo de la meditación actual. Su más reciente libro «Cómo estar relajado en un mundo confuso» está disponible en tiendas en línea a nivel global.

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